Una colonia tan numerosa y de unos principios cristianos muy arraigados, no podía menos que extender su devoción a la santísima Virgen y para ello era necesario construir un templo que llevara el nombre de la Torcoroma. Esta devoción a la Virgen tiene un título muy nuestro. Ella es de Ocaña. Ocaña constituye toda una provincia ilustre, con la hidalga ciudad santandereana a la cabeza. Entre las colinas cercanas a la ciudad, está Torcoroma. Allí los Melo, campesinos -padre y dos hijos-, aserraban un árbol para las labores del trapiche cuando al abrirlo en dos, vieron formándose una imagen que ellos adivinaron más con el alma que con los ojos, era la imagen de la santísima Virgen.
Y así empezó la historia de Nuestra Señora de Torcoroma. Con un terreno ya listo y unos planos muy bien elaborados por el doctor José Alejandro García, llega en el año de 1957 al sector el padre Jorge Becerra Jiménez quien se encargaría de sacar adelante el anhelo de la colonia santandereana, y lo primero que hace es convocar sendas reuniones con la junta de la construcción, conformada estrictamente por hombres de la provincia ocañera, radicada ya tiempo atrás en esta ciudad; sus nombres son beneméritos: Eustorgio Fuentes, Pedro Peinado, Hernado Penso, Roberto Angarita, Ciro Osorio, Leo Álvarez. Para el padre Becerra era necesario ampliar la junta de tal forma que abarcara, de manera especial, la parroquia creada por monseñor Gallego Pérez, sin agotarse en ella; fue así, entonces, cuando muy prontamente se creó la nueva junta pro parroquia, con gente como Alberto Pérez, Andrés Gómez Támara, Jaime Murcia, Juan Tovar Daza y Rubén Navarro Serge; igualmente se cubrió otro sector con su propia junta integrada con: Diego Marulanda, Darío Álvarez Londoño, Alonso Borrero y Carlos Alberto Osorio. Al mismo tiempo, se creaban las primeras organizaciones de apostolado seglar: Acción Católica con la presidencia de Ethel de Martínez Aparicio, Rebeca Fuenmayor de Roca Niz, Tera Vélez de Pereira, Alicia de Balaguer, Ligia de Jácome y otra más: igualmente surge la Legión de María liderada en aquella época por Maruja Fuentes y Eloisa de Lacoture entre otras.
Así, con junta, grupos y un deseo inmenso de trabajar, se inician las actividades de culto, las primeras misas se empiezan a oficiar, a campo raso. Los arrumes de bloques proveían de asientos a los feligreses, el altar de la celebración era una rústica mesa de “quita y pon”; la vida parroquial iba creciendo y para el mes de agosto de 1958 venían las primeras fiestas patronales. El trabajo fue aumentando cada vez más. Por fortuna, todos ayudaban y en poco tiempo no sólo se celebró la fiesta patronal con gran altura y devoción, sino que también la iglesia se construyó en tiempo record y empezó su dotación de vasos sagrados. Un cáliz donado por un católico de los Estados Unidos, la custodia adquirida en Bogotá, alta y de plata de buena ley, tuvo un costo entonces 4 mil pesos, los copones fueron diseñados y fabricados con elementos de plata regalados por la feligresía, fundidos tras el avalúo en Gutfreund Hermanos, dando como resultado la dotación total del nuevo templo. Además, se debe dotar el bello templo con arte sagrado y, para ello, se acude al padre salvatoriano alemán Ivo de Schaibe, famoso en arte religioso y ganador de varias exposiciones en Alemania; el padre Ivo diseñó y fabricó tres tallas en madera, de una sola pieza, en ceiba roja: una imagen de la Virgen y dos ángeles, a su lado. Después en terracota, las estaciones del Vía crucis y, finalmente, un Cristo en bronce. Así se conformó la composición del altar mayor. El famoso artista salvatoriano nos dio la ñapa regalando dos tallas en madera para los altares laterales, a saber: un medallón con la imagen de la Medalla Milagrosa y otra talla igual del Sagrado Corazón de Jesús. Por fortuna, la custodia, los vasos sagrados y las tallas en madera, aún hoy después de más de 48 años, están allí en su sitio como un símbolo que recuerda el esfuerzo, el sacrificio y el trabajo de la primera generación del templo de Nuestra Señora de las Gracias de Torcoroma.